El primer empleo concentra varias transiciones a la vez: nuevo entorno, nuevas responsabilidades y, con frecuencia, la sensación de no estar a la altura.
El síndrome del impostor no es un defecto
Sentir que no se merece el puesto es una respuesta habitual, no una señal de incapacidad. Reconocerlo es el primer paso para que deje de condicionar decisiones.
Tres pautas que funcionan
Separar el error del valor propio. Equivocarse en una tarea concreta no dice nada sobre la competencia general.
Pedir feedback explícito. La incertidumbre pesa más que una crítica concreta.
Sostener la vida fuera del trabajo. Los primeros meses tienden a devorar el resto de la agenda. Es precisamente cuando más falta hace protegerla.
El servicio de Bienestar de el Campus ofrece acompañamiento confidencial para alumnado y egresados que atraviesan esta etapa.